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Pocas personas en
Colombia se podrían jactar de haber descubierto lo que
descubrió Jacinto Jaramillo. Él afirmaba sin vacilación
ninguna: "Yo fui el descubridor de la belleza
nacional". Y Jacinto no sólo la descubrió, sino que
también se la inventó. Poeta y bailarín, pintor y coreógrafo,
a través de su obra se dedicó a explorar la esencia de esa
belleza nacional. Y para Jacinto la belleza nacional radicaba en
el pueblo y no en las oligarquías. A través de nuestro
folklore, Jacinto encontró las raíces de todo un pueblo
sediento por beber del manantial de nuestros ancestros. Y para
Jacinto Jaramillo, nuestros ancestros eran de color negro,
cobrizo y blanco. Mestizos como la tierra después de la lluvia,
del color de los lechos de los ríos
turbulentos y bellos como los atardeceres de la selva.
La obra multifacética de Jacinto Jaramillo es un legado para que
el pueblo colombiano se entienda a sí mismo. Humanista como
sólo un paisa con espíritu de montaña y corazón andariego
podría serlo, Jacinto solía decir: "Sin justicia no habrá
paz en Colombia". Y Jacinto Jaramillo entendía que la
violencia colombiana era la hija adoptiva de cinco siglos de
injusticias acumuladas. Por eso en sus pinturas se burlaba de los
ricos y de su sistema con hedor a vaso de noche mal lavado.
Amante de las mujeres y de las flores bellas, reflejaría
también esto en sus cuadros, así como su poesía y su visión
del mundo. "Pintar para mí es una necesidad
biológica", afirmaba Jacinto y cuando se burlaba de los
generales de la patria, decía: "Yo detesto todos los
ejércitos del mundo, creo en el ejército libertador de cada
pueblo. Por eso mi amor por el primer hombre de América, Simón
Bolívar. Pero ahora estamos en las mismas, se murió él y
siguieron las guerras civiles. Yo no odio a nadie. El no querer
no es
odiar. El no respetar no es
odiar. Tengo pocas cosas de qué arrepentirme". Y con la
natural picardía del paisa, se burlaba no sólo de la vida, sino
hasta de la muerte: "Si yo creyera que hay un cielo...pero
ya no estoy creyendo. A mí me decían cuando estaba chiquito:
'Dicen que en el cielo venden natilla y están los marinillos
allá que chillan". Yo no creo en el milagro, el milagro no
existe y los que creen en el milagro están preparados para creer
en el milagro. Los mitos son los que separan los países, unos
creen en Cristo, otros en Mahoma...
Y Jacinto confesaba su vida hasta lo profundo
del alma: el amor. "Me preguntó una vez alguien, ¿Jacinto
usted es feliz? En
el amor no fui
feliz porque la mujer que más quise no quiso casarse
conmigo". A pesar de eso, tuvo dos hijos, una de ellas la
conocida Isadora Norden, además de cientos de hijos adoptivos:
Todos los alumnos que aprendieron con él la belleza del baile.
Una vez alguien dijo de Jacinto: "Jacinto está creando algo
que dejaron morir aquí. Está cuidando la cultura
nacional". Y por ese otro amor, el amor al pueblo, Jacinto
era inmensamente feliz. Él afirmaba: "Yo vivo rodeado de la
amistad, de la ternura del pueblo de la comprensión".
En materia de política, Jacinto Jaramillo fue
un crítico acérrimo de los gobiernos oligárquicos que ha
sufrido Colombia desde la idependencia misma. "El gobierno
vende los venenos. Las amapolas estaban quietas y los de arriba
decidieron que el negocio era vendérselo a los gringos. Aquí no
queda sino el 30. El 70 se
queda
allá. ¿Usted conoce la canción de la amapola? Reina del campo
amapola...aquí buscan la paz, pero la paz es una resultante de
la justicia, el que diga lo contrario es que es tontico o un
avivato o las dos cosas. Mientras haya una injusticia no habrá
paz. Las drogas nos las traen los Estados Unidos, las armas
vienen de Francia y de Estados Unidos. Eduardo Santos mandó a
bombardear a los indígenas...y uno tiene que callarse. El día
que yo me muera si alguno va a decir esta cabeza...¿para qué?
Para ver porqué demonios este tipo le llevó la contraria a
medio mundo. Porque éste no fue un tipo normal como todos
nosotros. Es un tipo raro. Es un bicho. Tengo fe en que algún
día se enamoren como la verdad que es muy bella. Que es como una
pareja desnuda. El hombre sólo es un animal. Más inteligente
que todos, pero eso es todo". Y ése era Jacinto Jaramillo,
en sus propias palabras, un paisa con corazón de carriel,
arriero del alma de cuya boca sólo se oyeron verdades y para
quien el verdadero pecado era la mentira. Y por no haber querido
vivir en pecado, los libros de historia hoy quieren relegarlo a
la peste del olvido.